Retroceso de alto riesgo
El gobierno federal reveló que más de 14 mil extrabajadores de Luz y Fuerza y Pemex reciben pensiones que suman 28 mil millones de pesos al año. Se analizan reformas para limitar montos considerados ofensivos para el erario.

Por Alejandro Ramos Magaña
Ante la alarmante situación ambiental a nivel global se han detonado múltiples sistemas de comunicación para reactivar conciencias adormiladas.
La intención no solo es ofrecer datos de la riqueza ecológica de los países, sino compararlos con los graves daños que la humanidad ha provocado a los componentes vitales del planeta: agua, tierra y aire. Y algunos daños son irreversibles.
Por ejemplo, el desempeño ambiental de México ha retrocedido en los últimos años, y entre los factores de este impacto se centran en que el gobierno federal aún no diseña un plan maestro (con objetivos, tiempos y metas) para la eliminación sistemática de los combustibles fósiles; tampoco se están destinando presupuestos suficientes para la agenda de conservación e investigación científica en la materia.
De acuerdo con el Índice de Desempeño Ambiental (EPI, por sus siglas en inglés), cuyo estudio lo realiza la Universidad de Yale, señala que México en 2024 descendió del lugar 73 al 97, entre 180 países, en desempeño ambiental.
Este resultado es un signo de los resultados deficientes o nulos en materia de protección de los ecosistemas terrestres y marinos.
Además, el estudio del EPI le otorgó a México la calificación de 44.7, lo cual ubicó al país en el lugar 26 en la región Latinoamérica y el Caribe, por lo que este descenso lo posicionó por abajo de Guyana (49), Cuba (52.5), Barbados (53.1), Venezuela (53.3), San Vicente y las Granadinas (54.2), Antigua y Barbuda (55.6), y Bahamas (55.9).
A nivel mundial los países mejor evaluados fueron: Estonia (82.8), Finlandia (71.8), Grecia (71.3), Reino Unido (67.8), Dinamarca (67.1), Timor Oriental (65.2), y Alemania (64.9).
Vale resaltar que los estudios del EPI analizan las iniciativas de las naciones para cumplir con la agenda de sostenibilidad de la ONU; el Acuerdo de París (2015) para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como para concretar objetivos del Marco Mundial para la Diversidad Biológica de Kunming-Montreal (2022).
En el pasado estudio de la Universidad de Yale, en 2022, México alcanzó el sitio 18 a nivel región de AL y el Caribe; en tanto, en la edición del EPI en 2020 nuestro país ocupó el lugar 3, y en 2018 se posicionó en el nivel 8.
Este resultado ambiental de México obliga a los tres órdenes de gobiernos, a los legisladores y comunidades a elevar el compromiso institucional y cooperación social para proteger las 200 Áreas Naturales Protegidas federales, así como intensificar los planes para disminuir los gases de efecto invernadero, combatir la contaminación atmosférica, de suelo y agua, y eliminar paulatinamente el uso de combustibles fósiles, entre otras tareas ambientales de relevancia.
LOS MALES
La mala calidad del aire en las zonas urbanas no sólo impacta la función pulmonar o cardiovascular de las personas, sino que también incide en el sobrepeso, obesidad y diabetes –la llamada epidemia del siglo XXI–.
En la última década, diversos estudios realizados en Estados Unidos, España y China, entre otros países, determinaron que la contaminación atmosférica es la responsable de causar diversos trastornos metabólicos e inflamatorios que desencadenan el sobrepeso, obesidad y diabetes, que se han convertido en un serio problema de salud pública. Este fenómeno se suma a los males congénitos que tienen algunas personas quienes desde pequeñas ya muestran signos de obesidad.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), Estados Unidos y México lideran a nivel mundial los casos de obesidad en su población adulta, lo cual es un serio problema de salud pública que, en el caso mexicano, tiene rebasado al sistema de salud.
A México le urge contrarrestar la contaminación atmosférica ante el constante aumento de la obesidad, y las políticas ambientales deben ser sólidas y consistentes para disminuir sistemáticamente la combustión de gasolinas, carbón y gas natural y LP, así como eliminar para siempre el uso de combustóleo en las termoeléctricas y en otros procesos industriales.
Según estimaciones de la OMS, en promedio anual fallecen 7 millones de personas a nivel mundial por enfermedades asociadas a la contaminación atmosférica, y precisa que el 92% de la población en el orbe respira aire contaminado.
El Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM advierte que mientras en Estados Unidos se tienen clasificados cerca de 187 compuestos tóxicos atmosféricos, en nuestro país no se tienen contemplados ni se monitorean sus concentraciones en la atmósfera de las ciudades y zonas metropolitanas.
En junio pasado, el gobierno federal anunció que, para 2030, cumplirá con la restauración de 17 zonas forestales; 14 sistemas costeros y marinos; 6 cuencas prioritarias y cuerpos de agua continentales; 6 islas; 6 parques y bosques urbanos; y 1 sitio con estrés sanitario y ambiental extremo.
El anuncio de nuevas Áreas Naturales Protegidas y de la protección y conservación de corredores biológicos son proyectos importantes, pero el problema en México es que los planes no se concretan, y en mucho se debe a temas presupuestales, a cambios de gobierno, así como a la falta de darle prioridad a los asuntos ambientales.
¿De qué nos sirve presumir que México se encuentra a nivel mundial entre las 14 naciones más megadiversas, cuando la carrera de destrucción y degradación de ecosistemas va muy avanzado? El reto de conservación ambiental, sin duda, es muy grande para el país, como también lo es la adaptación al cambio climático, el cual es el tema central global de este siglo XXI.