Reto climático
México enfrenta riesgo de sequías extremas y temperaturas récord por El Niño y el cambio climático, advierten expertos de la UNAM.
Por Alejandro Ramos Magaña
El fenómeno de El Niño potenciado, caracterizado por un incremento sustancial en la temperatura del Océano Pacífico, en conjunción con el cambio climático, representa una amenaza considerable para México en términos de temperaturas extremas y precipitaciones intensas durante el año 2026, con proyecciones similares para 2027.
De acuerdo con el investigador Gerardo Ceballos del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), México se encuentra en una posición de alta vulnerabilidad ante el cambio climático. Cabe destacar que México es el país a nivel mundial que ha experimentado el mayor incremento en la temperatura desde la era preindustrial, registrando un aumento de 1.8 grados Celsius hasta el año 2024, con un pico de 2.1 grados, superando así el promedio global de 1.2 grados centígrados. No obstante, en 2025, la temperatura global experimentó un aumento de 1.48 grados Celsius en comparación con el periodo preindustrial, lo que implicó el rebasamiento del umbral de alto riesgo de 1.5 grados, a pesar de la influencia del fenómeno La Niña, que provocó un enfriamiento global acompañado de precipitaciones.
En el año 2024, México alcanzó sus condiciones más severas de sequía, con un 80% del territorio nacional afectado. Cabe mencionar que en el año 2011 se registró la cifra histórica de sequía severa, con un 85% del territorio nacional impactado.
En el presente año, la Comisión Nacional del Agua (Conagua) ha reportado afectaciones por sequía en una proporción superior al 65% del territorio nacional. De acuerdo con las proyecciones de meteorólogos, se anticipa que en los próximos meses se supere el nivel del 70% de los impactos derivados de la sequía excepcional y extrema.
La insuficiencia de precipitaciones, que se ha extendido desde el año 2019, ha posicionado a México en un contexto de récords a nivel nacional e internacional en cuanto a la extensión de la sequía y las altas temperaturas.
El calentamiento global y el fenómeno meteorológico El Niño han contribuido a que el planeta experimente los años más cálidos registrados en 2016 y 2024, con proyecciones que indican que 2026-2027 establecerán nuevos récords de temperaturas elevadas.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha enfatizado la importancia de mantener el límite de 1.5 grados Celsius a nivel global para mitigar los efectos del cambio climático. No obstante, las temperaturas promedio globales han incrementado 1.2 grados Celsius desde finales del siglo XIX. Este aumento se atribuye principalmente a la quema de combustibles fósiles con altas emisiones de dióxido de carbono y metano a la atmósfera, así como a la deforestación excesiva de bosques, selvas, barrancas, cerros y la destrucción de ecosistemas. Adicionalmente, la expansión urbana desordenada, como se observa en México, contribuye a este fenómeno.
La sequía de 2019 constituyó un evento de relevancia nacional, clasificándose como una de las temporadas de extrema sequía en el país, afectando incluso a las entidades federativas que habitualmente experimentan precipitaciones abundantes durante la mayor parte del año.
El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) documentó el impacto significativo de la sequía extrema en las entidades federativas con mayor disponibilidad hídrica: Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Quintana Roo, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz. Desde 2019, estas entidades han experimentado una reducción del 50% en las precipitaciones en comparación con la media histórica. Las sequías se han manifestado de manera recurrente desde 2015, y los déficits de precipitaciones persisten en las regiones húmedas, con un impacto aún más pronunciado en las entidades federativas secas del centro y norte del país.
La Sociedad Meteorológica de Estados Unidos (AMS) ha informado que en 2024 México estableció un récord al registrar temperaturas superiores al promedio durante todo el año, con un promedio anual de 22.4 grados Celsius. Los años más cálidos registrados fueron 2011, 2016, 2017, 2019 y 2024.
Los reportes de la Sociedad Meteorológica Estadounidense (AMS) indican que diecisiete países europeos, Japón y el archipiélago de Seychelles en África experimentaron récords de altas temperaturas. En Estados Unidos, Furnace Creek, ubicado en Death Valley, California, registró 54.4 grados Celsius el 16 de agosto de 2020, la temperatura más alta medida en la Tierra desde 1953. Adicionalmente, el 20 de junio de 2020, Verkhoyansk, Rusia, alcanzó una temperatura de 38 grados Celsius, considerada la temperatura más alta jamás registrada dentro del Círculo Polar Ártico por la comunidad científica.
Estas evidencias sugieren un incremento en la intensidad de los fenómenos meteorológicos de calor extremo debido al calentamiento global.
De acuerdo con la Sociedad Meteorológica Estadounidense, a pesar de la reducción en la movilidad motorizada entre 2020 y 2021, atribuida a la pandemia por el COVID-19, que resultó en una disminución de entre 6 y 7% en la quema de combustibles fósiles, la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero (GEI), principalmente dióxido de carbono (CO2), alcanzó niveles sin precedentes en el registro climático.
La evidencia científica derivada del monitoreo del calor nos alerta sobre escenarios de riesgo potencial. En el contexto mexicano, las sequías extremas propiciarán fenómenos de migración climática interna, crisis alimentaria y extrema escasez de agua; situación para la cual no estamos debidamente preparados para atenderla con la urgencia que la emergencia climática demanda.
Un estudio realizado por el Banco Mundial en 2020 proyecta que para el año 2050, más de 3 millones de mexicanos se verán obligados a abandonar sus lugares de origen debido a los impactos del cambio climático. El estudio identifica las regiones del Golfo de México como zonas de alta movilidad, destacando principalmente a Tabasco y Veracruz; así como la zona sur, específicamente Chiapas, y la región del Pacífico, con Guerrero como punto crítico.
Los pronósticos de desplazamientos forzados indican que los destinos más comunes serán el Estado de México, Puebla, Guadalajara, Monterrey, Oaxaca y Baja California.
Estos escenarios se basan en la situación actual de estas regiones, caracterizada por la deforestación, la erosión de tierras, las sequías, la escasez de agua, los cambios en el uso del suelo, la mala calidad del aire, la contaminación de cuerpos de agua y suelo, la proliferación de asentamientos irregulares en áreas naturales protegidas y los conflictos por el agua, entre otros factores.
Adicionalmente, el calentamiento global ha intensificado la potencia de los huracanes, lo que ha resultado en inundaciones cada vez más catastróficas, como se evidencia en Guerrero, Tamaulipas, Veracruz y Tabasco, una zona altamente vulnerable donde se ubica la refinería Olmeca, Dos Bocas.
Es de suma importancia que tanto los estados como la Federación otorguen prioridad al desarrollo de programas a largo plazo, respaldados por marcos jurídicos robustos y políticas públicas eficaces, con el objetivo de prevenir y mitigar los efectos adversos del cambio climático. Asimismo, resulta crucial acelerar el proceso de descarbonización de la economía, considerando el impacto significativo de la huella de carbono, el cual se evidencia en la recurrencia de récords climáticos de alto riesgo. A pesar de la evidencia contundente y las advertencias emitidas respecto al cambio climático, los tomadores de decisiones continúan ignorando la información científica disponible.
Adicionalmente, se constata una insuficiencia en el financiamiento destinado a la lucha contra el cambio climático en México. Por consiguiente, resulta imperativo incrementar las partidas presupuestales para garantizar que los recursos lleguen a los estados y municipios, permitiendo así el diseño e implementación de programas integrales para la mitigación y adaptación a la crisis climática.