Huertos urbanos; plan necesario y de sustentabilidad
La agricultura urbana se ha consolidado como una alternativa viable para la autosuficiencia alimentaria, particularmente en contextos de crisis socioeconómicas, bélicas y sanitarias. Además, contribuye a la mitigación del calentamiento global y fomenta el sentido de comunidad.
Por Alejandro Ramos Magaña
La agricultura urbana se ha consolidado como una alternativa viable para la autosuficiencia alimentaria, particularmente en contextos de crisis socioeconómicas, bélicas y sanitarias. Además, contribuye a la mitigación del calentamiento global y fomenta el sentido de comunidad.
Este modelo ha evolucionado hacia los huertos urbanos, los cuales se caracterizan por su eficiencia en el uso del espacio, permitiendo su implementación en azoteas, balcones y jardineras. De esta forma, es posible cultivar una variedad de productos, tales como jitomates en recipientes, hierbas aromáticas en la mitad de una llanta y chiles en botellas de PET.
La pandemia por COVID-19, que inició en México el 28 de febrero de 2020, generó preocupación por un posible desabasto de alimentos. Si bien la producción agrícola mexicana se mantuvo constante, se observó un incremento significativo en los precios de los productos, lo que impactó negativamente la economía de la población.
Cabe destacar que la industria alimentaria fue reconocida como esencial por las autoridades durante los periodos más críticos de la contingencia sanitaria.
Un ejemplo relevante es la labor de los ejidatarios de Xochimilco y Milpa Alta, quienes, durante 2020 y 2021, ofrecieron su producción de hortalizas de alta calidad a precios más competitivos que los supermercados en la zona sur de la Ciudad de México. Esta iniciativa brindó un apoyo invaluable a cientos de familias que no podían desplazarse para adquirir alimentos. Los ejidatarios se ofrecieron a realizar entregas a domicilio, proporcionando sus números de contacto y realizando voceos para promover sus productos.
En este contexto, algunas familias reflexionaron sobre la importancia de contar con un huerto urbano para asegurar el autoconsumo durante situaciones de crisis como la pandemia.
Hace diecisiete años, en la Ciudad de México, se impulsó con determinación la iniciativa de huertos urbanos, logrando la participación activa de vecinos, maestros, alumnos, empresarios, comerciantes e incluso reos en diversos penales. No obstante, dado que el proyecto se originó en el ámbito de un gobierno local, existía incertidumbre sobre la continuidad del mismo impulso y la asignación de recursos en los sexenios posteriores.
A esta iniciativa se le denominó Círculo Verde. Fue establecida en febrero de 2009 por la entonces Comisión para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos de la Ciudad de México, durante la administración de Marcelo Ebrard (2006-2012). Su objetivo primordial consistía en cerrar el ciclo de los desechos orgánicos, de modo que, en lugar de ser enviados a rellenos sanitarios o a la composta en general, permanecieran en el lugar de su generación, contribuyendo así a la creación de composta para los huertos urbanos.
Este esfuerzo no se limitó a un plan gubernamental, sino que también incluyó la incorporación de propuestas de organizaciones ambientalistas para aprovechar los desechos orgánicos generados en viviendas, comercios, escuelas y otros lugares, preparándolos como abono para la producción de alimentos en las localidades. De esta manera, se buscaba integrar un plan de autosuficiencia alimentaria a gran escala, que pudiera servir como modelo para todo el país.
Desde el año 2020, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ha implementado un programa de huertos urbanos en todos los estados de la República Mexicana, tomando como referencia la iniciativa desarrollada en la Ciudad de México.
La Semarnat destaca la importancia de los huertos urbanos en la creación de condiciones óptimas para mitigar los cambios abruptos de temperatura, proporcionar hábitat a especies nativas, capturar carbono, cosechar agua, reciclar materia orgánica y reducir el consumo de combustibles fósiles en la producción y transporte de alimentos.
En la Ciudad de México, en 2009, el proyecto Círculo Verde fue fortalecido por la entonces Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades (Sederec), actualmente Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes (Sepi). En ese momento, se proyectaron 82 iniciativas de huertos urbanos en 15 alcaldías (excluyendo Iztacalco) y se impulsó la producción de hortalizas en áreas comunes de unidades habitacionales, escuelas, internados e incluso en reclusorios.
Asimismo, la Procuraduría Social (Prosoc) colaboró en el mapeo exhaustivo de todas las unidades habitacionales de la Ciudad de México y en la identificación de las redes vecinales para garantizar la difusión efectiva del plan en las comunidades.
Entre los años 2009 y 2012, la agricultura urbana experimentó un crecimiento considerable, involucrando a diversos actores sociales. Este columnista tuvo la oportunidad de conocer proyectos en unidades habitacionales, barrios y escuelas que, con la asesoría de técnicos mexicanos y cubanos, lograron consolidar sus huertos.
Durante el primer año de implementación de la iniciativa verde, en 2010, se logró la producción de más de 3 toneladas de diversos cultivos. Al término del entonces gobierno, en 2012, la producción ascendió a 30 toneladas de alimentos generados en huertos urbanos, de los cuales la mayor parte se destinó al autoconsumo y el resto a la comercialización. Actualmente, la producción anual se estima en aproximadamente 280 toneladas, y las autoridades proyectan alcanzar las 1,800 toneladas anuales al cierre del actual gobierno.
La iniciativa de huertos urbanos se implementó mediante un programa abierto a convocatorias, permitiendo a organizaciones o vecinos inscribir sus proyectos en la entonces Secretaría de Desarrollo Rural y Equidad Comunitaria (Sederec). Dicha dependencia evaluaba cada plan y, de ser aprobado, destinaba el apoyo económico correspondiente (inicialmente con un presupuesto de 8 millones de pesos, actualmente cercano a los 15 millones) y la asesoría técnica necesaria para la implementación exitosa de los proyectos.
En 2011, los residentes de la Unidad Plateros obtuvieron un financiamiento de 75,200 pesos para la implementación de tres huertos, un pequeño invernadero, y la adquisición de semillas y equipo de jardinería, lo que les permitió acceder a alimentos sin necesidad de salir de su entorno residencial. Los cultivos incluyen ejote, rábano, pepino, zanahoria, espinaca, acelga, chícharo, jitomate, jícama, ajenjo, yerbabuena, cilantro y epazote, destinados principalmente al autoconsumo.
El Huerto Tlatelolco, ubicado en el conjunto urbano construido en 1964, no solo se enfocó en la autosuficiencia alimentaria, sino que también fomentó la creación de una comunidad con vínculos de colaboración entre los vecinos de la zona. Estos participan en la generación de composta, cultivo y cosecha de vegetales y plantas, además de actividades educativas para escuelas.
Las autoridades e ingenieros agrónomos realizan un seguimiento constante a la conformación de los grupos y a sus necesidades de producción de alimentos, dado que en algunos casos, a partir de la iniciativa de una familia independiente, se fueron sumando los vecinos a esta cultura de los huertos urbanos.
Estas actividades se han proliferado en azoteas, traspatios, áreas comunes de las unidades habitacionales, internados, escuelas primarias y secundarias, así como en los reclusorios Oriente, Cárcel de Mujeres y Tepepan.
El gobierno de Ebrard estableció un convenio de colaboración y asistencia técnica con el gobierno de Cuba, lo que resultó en la visita trimestral de tres técnicos cubanos a la Ciudad de México para asesorar a los individuos que ya habían implementado huertos en azoteas o patios.
Adicionalmente, el gobierno capitalino cuenta con un equipo de ingenieros agrónomos mexicanos que brindan asesoría a los grupos vecinales y supervisan el progreso del programa.
CASO CUBANO.
En 1987, el gobierno cubano implementó el programa de agricultura urbana en la isla como una estrategia para alcanzar la autosuficiencia alimentaria en las comunidades mediante la implementación de huertos familiares, autoconsumos estatales, organopónicos populares y consultorios agrícolas. Este modelo facilitó el autoconsumo y la comercialización de la producción, y promovió el aprovechamiento sistemático de los espacios urbanos, los cuales actualmente abarcan más de 5,000 hectáreas.
Se generó una sinergia significativa entre los expertos mexicanos y cubanos para fortalecer este esquema alimentario, con el objetivo de garantizar su resiliencia ante cualquier crisis, como la de una pandemia.
Si bien el concepto de huerto urbano resultaba atractivo, presentaba un nivel de complejidad considerable, ya que era necesario convencer a las personas de la importancia de la correcta separación de desechos sólidos, lo que implicaba la reducción de la generación de grandes volúmenes de basura. Esta tarea enfrentaba diversas resistencias debido a la persistencia de malos hábitos.
Desde julio de 2017, la Norma 24 establece medidas para la correcta separación de los desechos urbanos; sin embargo, persisten malos hábitos en un amplio segmento de la población que continúa realizando esta tarea de manera desorganizada.
Es fundamental destacar la importancia del plan Círculo Verde, el cual promovió la separación de residuos desde los hogares o los lugares de generación. Los entusiastas de los huertos urbanos adoptaron rápidamente la práctica de utilizar residuos orgánicos para la producción de abono, fomentando así un ciclo de sustentabilidad.
Esta iniciativa consolidó el marco normativo pertinente, culminando en la promulgación de la Ley de Huertos Urbanos de la Ciudad de México, publicada el 16 de febrero de 2017 en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México, y posteriormente reformada en 2020 y 2022.
La agricultura urbana, independientemente de la pandemia, constituye una alternativa viable para la autosuficiencia alimentaria. Existen ejemplos exitosos de huertos urbanos en ciudades como Mérida, Xalapa, Puerto de Veracruz, Monterrey, Puebla, Cuernavaca, Oaxaca, Guadalajara, Pachuca, Querétaro y Toluca, entre otras, los cuales justifican su integración a un programa nacional de jardines orgánicos de mayor envergadura.
Se requiere un renovado impulso a esta iniciativa de sustentabilidad, con el fin de optimizar su impacto y alcance.