El encanto turístico convive con un dominio criminal que genera una crisis silenciosa en este Pueblo Mágico
La Familia Michoacana controla precios, productos y comercio en Taxco; cerveza prohibida en cadenas y vendida con sobreprecio bajo su autorización.
REDACCIÓN
En Taxco de Alarcón, uno de los destinos turísticos más emblemáticos de Guerrero, la economía cotidiana ya no responde únicamente a las leyes del mercado ni a las instituciones del Estado. En los hechos, son grupos delictivos como La Familia Michoacana quienes determinan qué se vende, a qué precio y quién puede hacerlo.
El ejemplo más visible está en la cerveza. Mientras los refrigeradores de las grandes cadenas comerciales permanecen vacíos bajo el argumento de una supuesta “disposición oficial”, en pequeñas tiendas de abarrotes el producto aparece con sobreprecios y bajo condiciones no escritas, pero ampliamente entendidas por comerciantes y consumidores: sólo se vende lo que el crimen permite.
Refrigeradores vacíos y miedo generalizado
Trabajadores de tiendas confirman un clima de خوف constante. Se pueden adquirir hielos, refrescos o mezcladores, pero el alcohol ha sido vetado de facto para grandes establecimientos, lo que desplaza el mercado hacia canales controlados.
En esos espacios, las cervezas disponibles pertenecen principalmente a marcas vinculadas a Grupo Modelo, hoy parte de Anheuser-Busch InBev, mientras que productos de Heineken México prácticamente han desaparecido de anaqueles.
Los precios evidencian el control. Una lata de 355 mililitros puede alcanzar hasta los 39 pesos, mientras que un “latón” de 473 mililitros se vende en cifras variables según el punto de distribución, reflejando un mercado fragmentado y manipulado.
Control que se extiende a toda la economía
El fenómeno no se limita a la cerveza. Productos básicos como carne, pollo o materiales de construcción presentan sobreprecios que superan los registrados en otras ciudades del país. La lógica es la misma: control de suministro, autorización de venta y cobro indirecto a través de precios inflados.
Este esquema revela un sistema paralelo donde la economía local opera bajo reglas impuestas por estructuras criminales, en un contexto donde el Estado ha perdido capacidad de regulación efectiva.
Un corredor estratégico bajo vigilancia
La presencia de La Familia Michoacana no es aislada ni improvisada. Se extiende por al menos 18 localidades de Taxco de Alarcón, configurando un corredor estratégico que conecta con entidades clave como Morelos y el Estado de México.
En comunidades como Acamixtla, los retenes criminales forman parte del paisaje cotidiano. En otras zonas, como Tetipac, se han identificado liderazgos locales vinculados al control territorial, mientras que rutas hacia Pilcaya o Huajintlán permiten la movilidad de mercancías y la evasión de operativos.
El uso de cámaras de vigilancia clandestinas, así como la presencia de “halcones” en accesos estratégicos, refuerza un sistema de monitoreo permanente que blinda las operaciones ilícitas.
Un alcalde presente, pero ausente
La crisis alcanzó uno de sus puntos más críticos con el secuestro del alcalde Juan Andrés Vega Carranza y su padre, quienes fueron posteriormente localizados tras un operativo federal. Sin embargo, lejos de representar una recuperación del control institucional, el episodio evidenció la vulnerabilidad de las autoridades locales.
Desde entonces, el edil ha reducido su presencia pública, alimentando la percepción de un vacío de poder en el municipio. En los hechos, la gobernabilidad parece fragmentada entre autoridades formales y poderes fácticos.
La economía paralizada y el factor minero
A este escenario se suma una crisis estructural de casi dos décadas: la huelga que mantiene detenidas las minas históricas de Taxco. Sin actividad en complejos como El Solar, Remedios y San Vicente, el municipio ha perdido una de sus principales fuentes de empleo formal.
La consecuencia es directa. Sin alternativas económicas sólidas, amplios sectores de la población quedan expuestos a dinámicas de cooptación o dependencia indirecta de economías ilícitas.
Dirigentes sindicales advierten que la reactivación minera podría representar un punto de inflexión para reducir la delincuencia, al generar empleos bien remunerados que compitan con las ofertas del crimen organizado.
Turismo entre la resiliencia y la negación
A pesar del contexto, el sector turístico intenta sostener la narrativa de normalidad. Empresarios insisten en que Taxco de Alarcón sigue siendo un destino seguro, recordando que la actividad turística representa cerca de la mitad de su economía.
Sin embargo, la tensión es evidente. La memoria reciente de la pandemia de COVID-19 sigue presente, y existe temor de que la inseguridad genere un nuevo desplome económico.
La contradicción es clara: mientras el discurso oficial y empresarial busca preservar la imagen del destino, la vida cotidiana de los habitantes refleja una realidad donde el crimen organizado administra, regula y condiciona aspectos fundamentales de la economía.