¡Basta de simulaciones cada cuatro años!

Cada ciclo de gobierno municipal repite una escena ya conocida, casi mecánica: se aproxima la obligación legal de elaborar los Planes Municipales de Desarrollo y, de manera súbita, emergen consultorías que se autoproclaman expertas en planeación municipal. 

masclaro.mx
today 09/02/2026

Por Rubén Ricaño Escobar

 

Cada ciclo de gobierno municipal repite una escena ya conocida, casi mecánica: se aproxima la obligación legal de elaborar los Planes Municipales de Desarrollo y, de manera súbita, emergen consultorías que se autoproclaman expertas en planeación municipal. Aparecen de la nada, con discursos bien ensayados y promesas rápidas, como si el conocimiento del municipio pudiera improvisarse.

Lo verdaderamente revelador no es lo que dicen, sino dónde no están. No están en la vida cotidiana de los municipios. No están en los procesos de fortalecimiento institucional. No están acompañando a los gobiernos locales cuando no hay presupuesto de por medio. No están caminando el territorio, escuchando a la gente, entendiendo los conflictos reales. Solo aparecen cuando hay dinero y una obligación que cumplir.

Y llamemos a las cosas por su nombre: eso no es asesoría técnica, es negocio oportunista, a costa del erario público. Se venden documentos caros, genéricos y desechables; planes hechos desde el escritorio, intercambiables entre municipios, sin identidad, sin lectura territorial y sin comprensión de los fenómenos sociales, económicos y ambientales que definen la vida local.

El problema es grave. El Plan Municipal de Desarrollo *no es un trámite administrativo ni un requisito decorativo Es el instrumento rector del gobierno municipal. Es la brújula que orienta el gasto público, las políticas sociales, la obra pública y la relación entre gobierno y ciudadanía. Cuando se simula su elaboración, se compromete el futuro del municipio y se traiciona la confianza pública.

Planear sin territorio es simular. Y simular en el ejercicio del poder también es una forma de corrupción.

La planeación municipal exige lo que no se puede falsificar: conocimiento profundo del territorio, cercanía con la población, comprensión de los ciclos sociales, económicos y ambientales, dominio de la legislación vigente y de las metodologías que la propia ley exige. Exige presencia constante, capacidad de seguimiento, evaluación y corrección del rumbo. Todo lo contrario a la improvisación cuatrienal.

Resulta aún más preocupante que algunos “consultores” intenten presionar a las nuevas autoridades municipales insinuando supuestas relaciones con instancias del Congreso del Estado o del ORFIS, haciendo creer que contratar ciertos despachos evitará problemas futuros. Eso es corrupción, lo mismo que coaccionar a los ayuntamientos para contratar planes con despachos privilegiados que reiteradamente entregan documentos deficientes.

Estoy plenamente convencido de que la Gobernadora de Veracruz y los diputados serios del Congreso del Estado no avalan ni avalarían estas prácticas heredadas, que tanto daño han hecho al municipalismo y que deben ser erradicadas de una vez por todas.

Simular la planeación es una forma silenciosa pero devastadora de irresponsabilidad pública. Normalizarla cada cuatro años equivale a aceptar que los municipios gobiernen sin proyecto, sin visión y sin compromiso real con su gente.

Hoy, más que nunca, los Ayuntamientos y la ciudadanía deben exigir *planeación auténtica hecha con rigor técnico, ética pública y arraigo territorial. El desarrollo local no admite atajos ni simulaciones.

Basta de simulaciones. El municipio merece respeto.