La urgencia de una gestión estratégica metropolitana
La renovación urbana en México está estancada. No por falta de diagnósticos, sino por falta de gestión estratégica.
Por Alejandro Ramos Magaña
La renovación urbana en México está estancada. No por falta de diagnósticos, sino por falta de gestión estratégica.
En las principales capitales del país la revitalización de zonas naturales, cascos históricos, colonias decadentes y corredores culturales es marginal. Lo que hay son parches: desarrollos modernos, caros, desconectados del tejido urbano.
Los instrumentos de planificación existen. Lo que no existe es una autoridad que los haga vinculantes más allá de un trienio o un sexenio.
Prácticamente en todas las zonas metropolitanas -Valle de México, Guadalajara, Monterrey, Querétaro, Oaxaca, Puebla, Xalapa, Tijuana, Mérida, Cancún- persiste la misma falla: normatividad de uso de suelo sin visión metropolitana, déficit de suelo urbanizable y miedo político a la densidad.
En la Ciudad de México, donde el suelo no existe, la norma debería impulsar altura, densidad y cambio de uso de suelo en corredores con transporte. En cambio, se congela. El resultado es el encarecimiento sistemático de la vivienda y la expulsión de población a la periferia.
Desde los años 70, del siglo XX, los urbanistas advirtieron del crecimiento acelerado desordenado. Cincuenta años después, el fenómeno superó a la agenda pública. El centro se despobló, la vivienda asequible desapareció y se impuso la expansión horizontal sin plan de movilidad integral y con una agenda de abasto de agua limitada.
Ha habido esfuerzos, pero predomina la desarticulación institucional. Federal, estados y municipios no concretan un compromiso formal con normatividad metropolitana. Imponen sus reglas el conflicto, el caos y la corrupción sobre la cooperación planificada.
México no está subdiagnosticado. Está sobrediagnosticado; hay mucha información pública y privada. Sabemos qué hacer. Lo que falta es instrumentación legal que trascienda banderas políticas y alternancias, y con personal altamente capacitado.
EL COSTO DE NO PLANEAR: EL CASO DEL VALLE DE MÉXICO
En diciembre de 2019, el Laboratorio Nacional de Ciencias de la Sostenibilidad (LANCIS), del Instituto de Ecología de la UNAM, coordinado por Yosune Miquelajauregui Graf, presentó la proyección de urbanización al 2060 para la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM).
La conclusión: de continuar la tendencia, la mancha urbana pasará de 2,287 kilómetros cuadrados en 2014 (INEGI) a 6,459 km² en 2060. Un crecimiento de 282%, impulsado por el Estado de México e Hidalgo.
El impacto climático local: hasta 3 grados Celsius más solo por el efecto de la urbanización, adicional al calentamiento global.
Las alcaldías más afectadas serían Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo, Tlalpan, Iztapalapa, Iztacalco, Gustavo A. Madero, Tláhuac y Xochimilco, y municipios como Chalco, Ecatepec, Texcoco, Atenco y Zumpango.
"Se encienden los focos rojos, y en algunas áreas se debe tener más cuidado por las condiciones de vulnerabilidad ya existentes", advirtió la investigadora de la UNAM.
El modelo revela dos pérdidas críticas: la cobertura agrícola del surponiente disminuiría 14% y la forestal 7% entre 2014 y 2060. Son las fábricas de agua.
El efecto hidrológico es directo: menos infiltración, menos recarga de acuíferos y escurrimiento pluvial hasta tres veces mayor hacia zonas bajas. Más desabasto de agua y más inundaciones severas al mismo tiempo.
Vale recordar: en 2001 las autoridades ambientales de la CDMX reconocieron que las invasiones a suelo de conservación en Tlalpan, Tláhuac, Álvaro Obregón, Xochimilco y Magdalena Contreras estaban fuera de control. Hoy, 25 años después, esos asentamientos están consolidados, con servicios, a costa de masa forestal.
El acuífero del Valle de México -dividido administrativamente en Chalco-Amecameca, Zona Metropolitana, Texcoco y Cuautitlán-Pachuca- es el más explotado del país, junto con los de Lerma: Valle de Toluca e Ixtlahuaca-Atlacomulco.
"Ante un crecimiento sin restricciones no se respetan las Áreas Naturales Protegidas federales y estatales ni el suelo de conservación; la zona urbana no tiene restricciones físicas o legales para expandirse", advirtió Miquelajauregui.
Este escenario de desastre urbano se replica en todo el país. Ejidos y suelo de conservación desaparecen de forma exprés.
¿QUÉ HACER?
El dato de vivienda lo confirma todo. Según ONU-Hábitat México 2024 y la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), 50% de la población mexicana ya no puede adquirir una vivienda adecuada en términos de ONU-Hábitat - hace dos décadas era 30%. El déficit es de 8 millones de viviendas en rezago, 11.7 millones con carencias por calidad y espacios y 22.9 millones de personas sin acceso a servicios básicos en la vivienda.
Es una crisis global, alerta la ONU-Hábitat: cerca de 3,000 millones de personas en el mundo sufren alguna insuficiencia habitacional, pero en México se agrava porque las ciudades se expanden 2.3 veces más rápido que la población. Modelo de baja densidad, centros despoblados y periferias sin servicios.
Mientras no exista una agenda pública con visión metropolitana, los esfuerzos serán parches temporales.
Se requiere, con urgencia, una Ley de Desarrollo Metropolitano que cree tres instrumentos:
- Autoridad Metropolitana. No otra comisión sin dientes. Con facultades vinculantes en uso de suelo, agua y movilidad, que trascienda trienios y sexenios.
- Fondo Metropolitano. Etiquetado para vivienda asequible intraurbana, proyectos hídricos y movilidad sustentable. Hoy los recursos se diluyen en obras inconexas.
- Plan Maestro a 50 años. Con evaluación obligatoria y desarrollo orientado al transporte. Densificar donde hay Metro, Metrobús y agua, no donde hay bosque. La propia ONU-Hábitat insiste en los siete principios de vivienda adecuada: seguridad, servicios, asequibilidad, habitabilidad, accesibilidad, ubicación y adecuación cultural.
La colaboración entre gobiernos, desarrolladores de vivienda asequible y compradores debe ser norma, no excepción.
Sin gestión estratégica, seguiremos administrando el conflicto en lugar de planear la ciudad. Y el costo será menos agua, más calor, mayor tráfico vial, más incendios forestales y una ciudad imposible de pagar.