ALERTA LA OMM SITUACIÓN CRÍTICA DE LOS ACUÍFEROS

México se encuentra entre los países y regiones que registran un descenso persistente en sus niveles de aguas subterráneas. Así lo advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su informe “Estado de los Recursos Hídricos Mundiales 2025”, difundido el pasado 17 de septiembre.

masclaro.mx
today 23/09/2026

Por Alejandro Ramos Magaña

 

México se encuentra entre los países y regiones que registran un descenso persistente en sus niveles de aguas subterráneas. Así lo advirtió la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en su informe “Estado de los Recursos Hídricos Mundiales 2025”, difundido el pasado 17 de septiembre.

El organismo señala que, durante el periodo 2022-2025, se observaron déficits persistentes en algunas zonas de América, Europa, Oriente Medio, India, el sur de África y Australia.

“Se observaron niveles de agua subterránea persistentemente bajos o muy bajos en toda Europa Central y Oriental, el centro de Estados Unidos, partes de México, el norte y el centro de Chile, el noreste y el centro-oeste de Brasil, el norte de Sudáfrica, el noroeste de la India y partes del sur de Australia, lo que apunta a un agotamiento acumulativo con una tendencia a la sequía que se prolonga durante varios años”, precisa el informe.

El dato es de alto impacto: 65 por ciento de las estaciones de observación a nivel global registraron el año pasado niveles medios anuales fuera del rango normal. En el 34 por ciento de los casos, los niveles fueron inferiores o muy inferiores a lo normal, frente al 25 por ciento en 2024.

Los científicos de la OMM enfatizan que el ciclo del agua se ha vuelto más errático e impredecible a nivel global. En los últimos siete años se ha registrado el menor número de ríos con caudales "normales" desde 1991. “El almacenamiento de agua terrestre ha ido disminuyendo desde mediados de la década de 2010”, indica.

Queda claro que el patrón de lluvias ha cambiado por el calentamiento global y por los fenómenos de El Niño y La Niña.

No estamos ante una sequía pasajera, que en el caso de México ha sido consecutiva desde 2019. Como advirtió Andrea Celeste Saulo, Secretaria General de la OMM:

“Estamos agotando esas reservas. El almacenamiento mundial de agua terrestre ha mostrado una tendencia a la baja desde 2014-2016, una señal persistente que se ha mantenido durante una década. Por cuarto año consecutivo, todas las principales regiones glaciares del planeta perdieron masa de hielo. Casi dos tercios de los pozos monitoreados en todo el mundo mostraron condiciones fuera de la norma histórica en 2025”.

La OMM alerta que, en el año hidrológico 2025, los glaciares perdieron 408 gigatoneladas de masa, lo que equivale a un aumento del nivel del mar de 1,1 mm. Fue el cuarto año consecutivo con pérdida neta en todas las regiones glaciares. Asia y África concentraron al menos la mitad de todos los eventos extremos relacionados con el agua y más del 80% de las muertes asociadas en los últimos cinco años.

 

CRISIS HÍDRICA DE MÉXICO

En el caso de México, y concretamente en la Ciudad de México, el sismo de magnitud 8.1 de 1985 nos reveló, bajo el concreto roto, el suelo anegado y vivo. No aprendimos. Seguimos impermeabilizando, entubando y extrayendo. La OMM hoy nos dice que esa factura diferida de los acuíferos ya llegó.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua) señala que de los 653 acuíferos del país, 114 se encuentran sobreexplotados. El acuífero del Valle de México es el más crítico.

En México, al menos nueve ciudades se hunden por la excesiva extracción: Aguascalientes, Ciudad de México, Querétaro, Celaya, Morelia, San Luis Potosí, Toluca, Mexicali y Durango.

En el país, el 70% del agua que se emplea en zonas urbanas proviene de depósitos subterráneos. Aproximadamente 80 millones de personas dependen del agua de los acuíferos, según el Instituto de Geofísica de la UNAM.

El modelo de agua no ha cambiado: se consume una vez y se desecha sin ser reutilizada por falta de plantas de tratamiento. Las poblaciones crecen, aumenta la demanda y también el desalojo de aguas residuales sin tratar, que contaminan suelos, ríos y mares.

Con la excesiva extracción se intensifican los hundimientos diferenciales y fractura de suelos, lo que eleva el riesgo ante sismos e inundaciones y deteriora la estructura urbana.

El suelo de la Ciudad de México y Zona Metropolitana tiene hundimientos diferenciales con un promedio anual de 10 centímetros. Significa estar 10 metros por debajo del nivel de 1910. En la región oriente, donde tuvieron su esplendor los lagos de Chalco, Xaltocan y Texcoco, se tienen registros de entre 20 y 40 centímetros por año. Es donde más ha crecido la mancha urbana.

De acuerdo con geólogos de la UNAM, se extrae hasta el 240% del agua, seis veces más de lo recomendado. La Conagua precisa que el acuífero de la CDMX y Zona Metropolitana presenta una extracción anual de 1,226 millones de metros cúbicos y una recarga media anual de 513. La extracción es de 2.4 a 1.

El fenómeno de los hundimientos es irreversible, pero se puede contener. Como me aseguró el geólogo Federico Mooser: uno, inyectando caudales de agua potable al acuífero y analizando el comportamiento del subsuelo; el otro, estabilizando el acuífero mediante la reducción sistemática en la extracción e incrementando la recarga mediante la inyección de agua residual tratada hasta potabilizarla.

Lamentablemente cada gobierno establece prioridades y congela otras; se alteran procesos, se pierde personal calificado y flaquean los presupuestos. Mientras, los hundimientos siguen y la oferta de agua es mucho menor a la demanda.

En el Instituto de Geología de la UNAM se proyecta que, en los próximos 150 años, la Ciudad de México se podría hundir 30 metros adicionales. Esto reafirma que la ciudad está condenada a las inundaciones permanentes si no se actúa. El acuífero funciona como una esponja: capta agua por los poros, la almacena, pero cuando se le aplica un peso el líquido sale, y si se mantiene ese peso, aunque se le inyecte agua, ya no volverá a almacenar en la misma dimensión.

El camino de la autodestrucción ha sido más dinámico que impulsar grandes proyectos para recuperar los acuíferos. Los grandes proyectos hídricos deben venir acompañados de presupuestos no para uno o seis años, sino para varias décadas de forma sostenida.

Estamos ante un elevado riesgo a la seguridad hídrica, ambiental y de salud del país, lo que también acarrea afectaciones mayores a la producción de alimentos.