Sheinbaum enfrenta a Washington con una línea clara: respeto a la soberanía mexicana

Sheinbaum reconoce antecedentes de injerencia de agencias de EU, pero defiende mantener la relación diplomática y exige respeto a la soberanía de México.

masclaro.mx
today 07/10/2026

Por Mario Victorino

 

La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que existen libros, investigaciones, publicaciones y documentos oficiales que, según sostuvo, muestran un historial de injerencia de agencias de Estados Unidos en México, aunque marcó una diferencia respecto de la postura que ha asumido el expresidente Andrés Manuel López Obrador frente a Washington.

En medio de las tensiones recientes con el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, y de los desacuerdos entre ambos gobiernos sobre asuntos de seguridad, la mandataria afirmó que cuando detecta una intervención que considera contraria a la soberanía mexicana lo señala públicamente, pero subrayó que también debe preservar la relación diplomática con Estados Unidos.

“Cuando sé que hay injerencia lo digo sin problema, pero también tengo que buscar mantener una relación diplomática y cuando no estamos de acuerdo lo decimos y hay un principio básico, el respeto a nuestra soberanía”, sostuvo Sheinbaum.

La declaración ocurre mientras la relación bilateral atraviesa distintos puntos de fricción, entre ellos la participación de agencias estadounidenses en tareas de seguridad, el caso de Sinaloa y el proyecto de una academia internacional de capacitación policial en Querétaro.

 

Sheinbaum admite antecedentes de injerencia estadounidense

La presidenta sostuvo que el carácter injerencista de algunas agencias estadounidenses no es una interpretación reciente de su gobierno, sino que existen documentos que permiten revisar históricamente su actuación en México.

Como ejemplo, mencionó documentos relacionados con hechos ocurridos alrededor de la masacre de Tlatelolco de 1968, al señalar que existen materiales de las propias agencias estadounidenses que dan cuenta de acciones de ese tipo.

El señalamiento adquiere una dimensión política particular porque ocurre apenas unos días después del aniversario del 2 de octubre, fecha en la que el gobierno de Sheinbaum volvió a colocar la represión del movimiento estudiantil de 1968 en el debate público.

En su conferencia del 2 de octubre, la presidenta recordó que el Estado mexicano ha reconocido la responsabilidad de Gustavo Díaz Ordaz en la represión de aquel movimiento y habló de uno de los episodios más dolorosos de la historia contemporánea del país.

 

La presidenta matiza el discurso de López Obrador

La postura de Sheinbaum también representa un matiz frente al tono utilizado por López Obrador en su nuevo libro, Pueblo, particularmente en sus referencias al embajador Ronald Johnson.

El expresidente cuestionó duramente al diplomático estadounidense y lo acusó de actuar de manera injerencista en México. En su libro, López Obrador utiliza una descripción particularmente severa para referirse al embajador y cuestiona el papel que Estados Unidos ha buscado desempeñar en la relación bilateral.

Consultada sobre esas expresiones, Sheinbaum consideró interesante la postura planteada por el exmandatario, pero enfatizó que su responsabilidad como presidenta es distinta.

La mandataria sostuvo que debe cuidar la relación con Estados Unidos y con el resto de los países, incluso cuando existan desacuerdos.

El mensaje de Palacio Nacional se mantiene así en dos vías: defender la soberanía mexicana y mantener abiertos los canales diplomáticos con Washington.

 

“Respeto a nuestra soberanía”, la línea que marca Sheinbaum

El concepto de soberanía se ha convertido en uno de los principales argumentos utilizados por Sheinbaum al abordar la cooperación de México con agencias estadounidenses.

La presidenta ha insistido en que la colaboración en materia de seguridad sí puede existir, pero debe realizarse dentro de la Constitución mexicana, las leyes nacionales y los mecanismos establecidos entre ambos gobiernos.

El 6 de octubre, por ejemplo, explicó que la cooperación con Estados Unidos debe desarrollarse bajo cuatro principios: soberanía, integridad territorial, confianza mutua y coordinación sin subordinación. También señaló que la comunicación en materia de seguridad debe pasar por los canales institucionales correspondientes.

En ese contexto, el gobierno mexicano busca diferenciar entre cooperación e intervención.

La primera, sostiene Sheinbaum, puede ser necesaria para enfrentar fenómenos que cruzan fronteras, como el tráfico de drogas y armas. La segunda es rechazada cuando implica acciones de autoridades extranjeras dentro del territorio mexicano sin autorización o fuera de los mecanismos establecidos.

 

El caso Sinaloa vuelve a tensar la relación

Uno de los principales puntos de conflicto es Sinaloa, particularmente a partir de la captura de Ismael “El Mayo” Zambada en Estados Unidos en julio de 2024.

Sheinbaum ha sostenido que el gobierno mexicano requiere pruebas cuando Washington realiza señalamientos relacionados con actores políticos o autoridades mexicanas.

La presidenta ha cuestionado además que una operación de esa naturaleza haya tenido consecuencias en la dinámica interna de grupos criminales y ha relacionado la posterior violencia en Sinaloa con lo que su gobierno considera una forma de injerencia extranjera.

En julio, Sheinbaum también sostuvo que el gobierno estadounidense debe proporcionar información sobre sus acciones en México y que la cooperación no puede convertirse en una intervención de agencias extranjeras en territorio nacional.

La posición de la presidenta es que México puede colaborar con Estados Unidos, pero sin permitir que Washington determine las decisiones que corresponden a las autoridades mexicanas.

 

Sheinbaum exige pruebas ante acusaciones de Estados Unidos

Al referirse nuevamente al caso Sinaloa, la presidenta explicó que México ha solicitado pruebas frente a los señalamientos realizados desde Estados Unidos.

En contraste, afirmó que el gobierno mexicano considera que existen elementos que deben ser explicados respecto a determinadas actuaciones de autoridades estadounidenses.

Como ejemplo, mencionó que autoridades de Estados Unidos recibieron a familiares de Joaquín “El Chapo” Guzmán.

El señalamiento forma parte de la discusión más amplia que Sheinbaum ha planteado sobre la manera en que las agencias estadounidenses operan y establecen contactos con actores mexicanos.

La presidenta ha insistido en que la colaboración en seguridad debe estar sujeta a reglas y que cualquier relación institucional de gobiernos estatales mexicanos con agencias estadounidenses debe pasar por las autoridades federales correspondientes.

 

Ronald Johnson vuelve al centro de la disputa

El nombre de Ronald Johnson ha aparecido de manera recurrente en las recientes diferencias entre ambos gobiernos.

El embajador estadounidense ha quedado involucrado en la controversia por distintos asuntos relacionados con seguridad y cooperación con autoridades mexicanas.

Uno de los episodios más recientes ocurrió en Querétaro, donde el gobierno estatal impulsa una Academia Internacional de Capacitación Policial con participación de agencias estadounidenses.

Sheinbaum sostuvo que el proyecto no fue notificado a la Secretaría de Relaciones Exteriores ni al Grupo de Alto Nivel de Seguridad, por lo que pidió al gobierno de Querétaro y a las autoridades estadounidenses cumplir con los procedimientos establecidos en la legislación mexicana.

La presidenta fue enfática en que la participación de agencias estadounidenses en México no puede realizarse al margen de los mecanismos establecidos.

“Si el gobierno de los Estados Unidos quiere tener relación con algún gobierno de un estado de la República, tiene que ser a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores”, explicó el 6 de octubre.

 

Cooperación sí, subordinación no

La política de Sheinbaum frente a Estados Unidos busca mantener una relación de cooperación sin aceptar, al menos en el discurso presidencial, que esa colaboración implique subordinación.

La presidenta ha defendido la coordinación bilateral en materia de seguridad, pero también ha puesto límites a la actuación de agentes y agencias extranjeras.

Desde abril, Sheinbaum ha señalado que la presencia de agentes estadounidenses en México está regulada por la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional. También ha sostenido que los gobiernos estatales no pueden establecer por su cuenta acuerdos de seguridad con agencias de Estados Unidos sin pasar por la Federación.

La definición resulta particularmente relevante en un momento en el que la cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos se ha intensificado.

Para el gobierno mexicano, compartir inteligencia no significa permitir operaciones conjuntas de fuerzas extranjeras en territorio nacional.

 

El discurso de soberanía se convierte en una constante

Las declaraciones de Sheinbaum muestran que la soberanía nacional se ha convertido en uno de los ejes políticos con los que su gobierno aborda la relación con Washington.

La presidenta no plantea romper la cooperación con Estados Unidos. Por el contrario, insiste en que la coordinación es necesaria, pero bajo reglas mexicanas.

Ese equilibrio también la diferencia del tono empleado por López Obrador en Pueblo, donde el expresidente endureció sus críticas hacia el papel de Estados Unidos en México y particularmente hacia Ronald Johnson.

Sheinbaum, en cambio, reivindica el derecho a señalar la injerencia cuando, desde su perspectiva, existen elementos para hacerlo, pero al mismo tiempo busca evitar una ruptura diplomática.

 

Una relación marcada por límites políticos

El debate sobre las agencias estadounidenses ocurre mientras México y Estados Unidos enfrentan una agenda bilateral amplia: seguridad, narcotráfico, migración, comercio y cooperación fronteriza.

En materia de seguridad, el gobierno mexicano ha establecido que la cooperación debe realizarse bajo mecanismos institucionales y dentro del territorio que corresponde a cada país.

El objetivo declarado es evitar malos entendidos y mantener una comunicación permanente con las autoridades estadounidenses.

La diferencia entre ambos gobiernos, sin embargo, aparece cuando Washington realiza señalamientos o acciones que México considera que pueden afectar su soberanía.

En ese escenario, Sheinbaum intenta mantener una línea política que combina cooperación con Estados Unidos y defensa de la autonomía del Estado mexicano.

La presidenta lo resumió al sostener que cuando existe injerencia la señalará, pero que su responsabilidad también consiste en preservar una relación diplomática con Washington.

Así, mientras López Obrador eleva el tono contra el papel de Estados Unidos en su libro Pueblo, Sheinbaum adopta una postura más institucional: reconoce antecedentes de injerencia, cuestiona actuaciones concretas de agencias estadounidenses y exige respeto a las leyes mexicanas, pero mantiene abierta la vía diplomática.