¿Dónde estaban las cientos de personas desaparecidas cuando llegó el torrente que arrasó la frontera?

Una inundación provocada por un deslizamiento arrasó la frontera entre Nepal y China. Registros y videos reconstruyen los últimos minutos del desastre.

masclaro.mx
today 02/09/2026

Por Mario Victorino

 

Todo parecía transcurrir con normalidad aquella mañana en la frontera entre Nepal y Tíbet. Viajeros, peregrinos, comerciantes, camioneros y trabajadores se concentraban en uno de los principales pasos fronterizos entre Nepal y China.

Pero en las montañas, a varios kilómetros de distancia, algo estaba a punto de cambiarlo todo.

Una pared oscura comenzó a emerger detrás de los edificios de Gyirong, del lado chino de la frontera. Al principio podía confundirse con una enorme nube. Después comenzó a adquirir forma, velocidad y volumen.

No era una nube.

Era una gigantesca masa de agua, lodo, rocas, hielo y piedras que descendía por el valle arrasando todo lo que encontraba a su paso.

Las imágenes captadas por cámaras de seguridad se convirtieron rápidamente en una de las principales evidencias visuales de la tragedia que golpeó la zona fronteriza de Rasuwagadhi, en Nepal, y Gyirong, en Tíbet.

En cuestión de minutos, edificios, vehículos, negocios e instalaciones fronterizas quedaron destruidos.

Ahora, registros electrónicos de inmigración, imágenes satelitales, videos y testimonios están permitiendo reconstruir los momentos previos al desastre, aunque todavía existe una enorme incertidumbre sobre cuántas personas se encontraban exactamente en la zona cuando llegó el torrente.

 

Una frontera abarrotada antes de la tragedia

Rasuwagadhi no era un lugar vacío.

Se trata de una ruta histórica entre Katmandú y Tíbet utilizada por peregrinos que se dirigen hacia el Monte Kailash, comerciantes, turistas, trabajadores, conductores y transportistas.

La mañana de la inundación, el movimiento era particularmente intenso.

Tika Ram Pokharel, empleado de inmigración de Nepal y uno de los sobrevivientes, contó que recibió información de que entre 300 y 400 personas esperaban para cruzar desde Nepal hacia Tíbet.

También había personas que llegaban desde el lado chino.

El cruce se encontraba en una zona geográficamente complicada, rodeada de montañas, profundos desfiladeros y ríos capaces de transportar enormes cantidades de sedimentos y rocas.

El hidrólogo Ajay Dixit explicó que la región es particularmente vulnerable debido a su geología y a la velocidad con la que circulan los ríos por los estrechos valles del Himalaya.

El peligro, sin embargo, no era evidente para quienes se encontraban allí.

Para muchos, simplemente era otra mañana de espera antes de continuar su viaje.

 

Los últimos registros antes de que todo desapareciera

La oficina de inmigración de Nepal comenzó a operar alrededor de las 8:00 de la mañana.

Los registros electrónicos se han convertido ahora en una de las pocas herramientas que permiten establecer quiénes estaban oficialmente en movimiento antes de la tragedia.

De acuerdo con esos registros, 89 ciudadanos nepalíes y extranjeros habían completado los trámites para salir de Nepal hacia Tíbet, mientras que otras cuatro personas habían registrado su entrada al país.

El último movimiento registrado por el sistema ocurrió a las 08:35:03, hora local de Nepal.

Menos de 10 minutos después, las cámaras del lado chino captaron la llegada del enorme torrente.

Entre quienes habían completado el trámite migratorio se encontraban 32 ciudadanos de India, 12 de China y nueve de Estados Unidos, además de personas provenientes de Reino Unido, Canadá, Australia e Italia.

Pero haber registrado la salida de Nepal no significa necesariamente que esas personas ya hubieran cruzado a China.

Ahí se encuentra una de las principales dificultades para reconstruir la tragedia.

 

Apenas unos minutos separaron la rutina del desastre

Según el testimonio de Pokharel, después de completar los trámites de inmigración los viajeros podían tardar entre 15 y 20 minutos en llegar caminando hasta el puente que conecta Nepal con Tíbet.

Por eso, cuando se produjo la inundación, algunos podían estar todavía en la zona de espera, otros caminando hacia el puente y otros preparándose para ingresar a las instalaciones fronterizas chinas.

La ubicación exacta de cada persona sigue siendo desconocida.

A las 08:37, apenas un par de minutos después del último registro migratorio, los instrumentos sísmicos detectaron movimiento en las montañas ubicadas sobre la frontera.

Los investigadores posteriormente relacionaron esa señal con el desprendimiento parcial de un glaciar que desencadenó la inundación.

China estimó que el deslizamiento tardó aproximadamente siete minutos en alcanzar el paso fronterizo desde su punto de origen.

Eso significa que entre la detección del movimiento en la montaña y la llegada del torrente transcurrió un periodo extremadamente corto.

Para quienes estaban abajo, prácticamente no hubo tiempo de reacción.

 

Una fotografía antes del silencio

La tragedia quedó registrada también en los teléfonos de algunas de las personas desaparecidas.

Entre los viajeros se encontraba un grupo de peregrinos indios que regresaba del Monte Kailash.

Mientras esperaban para poder ingresar a China, algunos realizaron videollamadas y enviaron fotografías a sus familiares.

Sudipto Bhattacharya recibió mensajes de su esposa, Subhrasree Chakraborty, quien viajaba con un grupo de más de 60 personas.

A las 07:57, ella le envió una fotografía de su pasaporte con el sello de salida de Nepal.

Seis minutos después, a las 08:03, llegó otro mensaje:

“Estamos esperando para entrar en China”.

Después de eso, no hubo más comunicaciones.

El silencio posterior se convirtió para las familias en una de las partes más devastadoras de la tragedia.

 

Ghatte Khola, el lugar donde se concentraban los viajeros

La zona tampoco era únicamente una oficina de inmigración.

Ghatte Khola Bazar, donde se encontraba la oficina nepalí, era un pequeño centro comercial situado aproximadamente a 1.5 kilómetros al norte de Timure.

Desde ahí todavía había unos dos kilómetros hasta el Puente de la Amistad, que marca la frontera con Tíbet.

En ese recorrido había hoteles, restaurantes, tiendas, estacionamientos y espacios donde los vehículos esperaban para continuar su trayecto.

Pokharel calcula que en Ghatte Khola había entre 50 y 60 viviendas, además de negocios y oficinas relacionadas con una compañía hidroeléctrica.

También era el punto donde terminaban los autobuses procedentes de Katmandú.

Conductores, ayudantes, guías turísticos, trabajadores de carga y viajeros se concentraban ahí mientras esperaban el despacho de aduanas.

En ocasiones, quienes llegaban desde Katmandú la tarde anterior tenían que pasar la noche en la zona para poder cruzar al día siguiente.

Eso convirtió a Ghatte Khola en un punto de concentración humana justo antes del desastre.

 

“Mis 40 o 50 amigos más cercanos están desaparecidos”

Pokharel se encontraba en Katmandú ese día porque debía presentar un examen.

Esa circunstancia terminó salvándole la vida.

Su oficina, ubicada a unos 100 metros del río, fue alcanzada por la inundación y varios de sus compañeros desaparecieron.

Cuatro empleados de inmigración, incluido el jefe de la oficina, fueron reportados como desaparecidos. Uno de ellos fue encontrado posteriormente río abajo.

La funcionaria que realizó las últimas transacciones registradas por el sistema migratorio continúa desaparecida, según el relato.

“Mis 40 o 50 amigos más cercanos están desaparecidos”, relató Pokharel.

Para él, los registros oficiales probablemente cuentan solamente una fracción de las personas que realmente se encontraban en la zona.

El sobreviviente incluso estimó que entre 2 mil y 2 mil 500 personas podrían haber quedado atrapadas.

Sin embargo, esa cifra es exclusivamente una estimación personal y no ha sido confirmada de manera independiente ni corresponde a una cifra oficial de víctimas.

 

Un grupo de peregrinos también desapareció

La tragedia alcanzó también a un grupo de peregrinos asociados con la Fundación Isha.

Al menos 77 peregrinos, junto con tres integrantes del personal, se encontraban en las instalaciones de inmigración del lado chino y fueron reportados como desaparecidos después de las inundaciones.

La presencia de numerosos grupos de peregrinos incrementó la complejidad de las labores de identificación y localización.

Muchos viajeros se encontraban en tránsito internacional, por lo que sus movimientos no necesariamente quedaron registrados en un solo sistema.

Algunos habían terminado sus trámites migratorios en Nepal, pero todavía no habían completado el proceso correspondiente del lado chino.

 

“Hasta donde alcanzaba la vista, no había más que ruinas”

Cuando un equipo de rescate chino integrado por 21 personas llegó a Gyirong el 28 de agosto, encontró un escenario devastador.

Uno de los rescatistas describió el panorama de manera contundente: hasta donde alcanzaba la vista solamente podían observarse ruinas.

La fuerza del agua no se limitó a inundar las instalaciones.

La corriente arrastró enormes cantidades de tierra, piedras, hielo y sedimentos capaces de destruir estructuras y vehículos.

Las imágenes satelitales posteriores permitieron dimensionar todavía más la magnitud de la destrucción.

Edificaciones que aparecían en fotografías anteriores simplemente habían desaparecido.

 

La frontera ya había sufrido otra inundación

La tragedia tampoco ocurrió en una zona completamente ajena al riesgo.

En julio de 2025, otra inundación obligó a cerrar Rasuwagadhi durante casi seis meses.

El cruce fronterizo volvió a operar el 1 de enero, después de que China construyera un puente provisional.

El tránsito comercial y de pasajeros comenzó nuevamente a crecer.

Las autoridades fronterizas chinas habían registrado más de 100 mil personas en Gyirong hasta junio, mientras que los registros migratorios de Nepal contabilizaban 53 mil 742 entradas y salidas en Rasuwagadhi durante el periodo reportado hasta mediados de julio.

Las cifras no son directamente comparables porque corresponden a periodos y sistemas de registro diferentes, pero muestran la importancia que había adquirido nuevamente este corredor.

 

Una ruta vital para el comercio entre Nepal y China

Rasuwagadhi no era únicamente una frontera turística.

También constituía uno de los principales corredores comerciales entre Nepal y China.

El economista Posh Raj Pandey señala que Rasuwagadhi representa aproximadamente un tercio del comercio de Nepal con China, cuyo valor ronda los 2 mil 950 millones de dólares.

Por el desfiladero circulaban diariamente entre 60 y 70 camiones que transportaban productos electrónicos, maquinaria, vehículos, frutas, ropa y otras mercancías hacia Katmandú.

La ruta también habría concentrado cerca de 80% de las importaciones de vehículos eléctricos de Nepal provenientes de China, de acuerdo con Pandey.

El desastre, por lo tanto, no solamente representa una emergencia humanitaria.

También amenaza una de las principales arterias económicas de Nepal.

 

El cierre deja a Nepal con pocas alternativas

La destrucción de Rasuwagadhi obliga ahora a incrementar la presión sobre otros corredores comerciales.

Uno de ellos es Tatopani, otro de los principales pasos entre Nepal y China.

Pero las condiciones tampoco son sencillas.

El riesgo de nuevos deslizamientos ha provocado cierres temporales en esa ruta, aumentando la vulnerabilidad de Nepal frente a cualquier interrupción de sus conexiones con China.

La situación también podría tener consecuencias para los planes de infraestructura de largo plazo.

Rasuwagadhi se encuentra dentro del corredor contemplado para el desarrollo de una conexión ferroviaria entre China y Katmandú como parte de los proyectos de infraestructura transhimalaya.

 

La tragedia obliga a replantear el desarrollo de la región

El desastre ha reabierto el debate sobre cuánto desarrollo puede concentrarse en corredores montañosos altamente vulnerables.

Pandey considera que Nepal debería desarrollar rutas comerciales alternativas con China y replantear parte de su estrategia de infraestructura, particularmente ante la concentración de proyectos hidroeléctricos a lo largo de los mismos sistemas fluviales.

El problema es que las necesidades económicas chocan directamente con las características geográficas del Himalaya.

Los mismos ríos y valles que permiten construir carreteras, hidroeléctricas y corredores comerciales también pueden convertirse en canales de destrucción cuando se producen desprendimientos, desbordamientos o deslizamientos de gran magnitud.

 

Un desastre que todavía no termina de revelar su verdadera dimensión

Mientras continúan las labores de búsqueda, una de las preguntas más difíciles sigue sin respuesta: ¿cuántas personas estaban realmente en la frontera cuando llegó el torrente?

Los registros migratorios permiten identificar a quienes realizaron trámites oficiales.

Pero no necesariamente contabilizan a quienes esperaban en hoteles, estacionamientos, comercios, autobuses o caminos.

Tampoco permiten establecer con precisión dónde estaba cada viajero después de abandonar la oficina de inmigración.

A ello se suma que algunas personas podían haber cruzado parcialmente el complejo fronterizo sin completar todavía los trámites del lado chino.

Por eso, el número definitivo de víctimas podría tardar en conocerse.

Las cámaras muestran el instante en que la pared de agua y lodo aparece detrás de los edificios.

Los registros electrónicos permiten saber quiénes estuvieron allí.

Los testimonios permiten reconstruir cómo se encontraba la zona minutos antes.

Pero ninguno de esos elementos, por sí solo, permite responder qué ocurrió con cada una de las personas que desaparecieron.

Para quienes sobrevivieron, la tragedia quedó marcada por una última imagen, una llamada o un mensaje que parecía completamente cotidiano.

Para las familias, en cambio, esos últimos mensajes son ahora algunas de las pocas pruebas de que sus seres queridos estuvieron allí antes de que, en cuestión de minutos, una gigantesca corriente de agua, lodo, hielo y rocas borrara buena parte de la frontera entre Nepal y China.

Y mientras los equipos de rescate continúan buscando entre las ruinas, una frase de Pokharel resume la dimensión humana del desastre: quienes trabajaban ahí sabían que la montaña y el río representaban un peligro.

Incluso habían hablado de refugiarse en lugares elevados si volvía a ocurrir una inundación.

Pero esta vez, la naturaleza no les dio oportunidad.