Restos óseos hallados en Iguala abren nueva pista en el caso de los 43 de Ayotzinapa
masclaro.mx
Por Mario Victorino
Una bolsa sellada con restos óseos y una etiqueta correspondiente al año 2014 mantiene abierta una de las pistas que la Fiscalía General de la República (FGR) investiga dentro del caso de la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.
Los restos fueron localizados en las instalaciones de la funeraria El Ángel, en Iguala, Guerrero, inmueble que también alberga instalaciones del Servicio Médico Forense (Semefo) y cuenta con áreas de cremación.
El hallazgo cobró relevancia para las investigaciones federales debido a que corresponde al mismo año en que desaparecieron los estudiantes, la noche del 26 de septiembre de 2014.
Sin embargo, hasta ahora no existe confirmación de que los restos pertenezcan a alguno de los 43 normalistas desaparecidos.
La identificación solamente podrá establecerse mediante los estudios forenses correspondientes, por lo que el indicio permanece como una pista dentro de una investigación que continúa abierta.
La bolsa fue localizada durante un cateo
El hallazgo fue documentado por Proceso el pasado 21 de marzo, luego de un recorrido realizado por madres y padres de los estudiantes desaparecidos junto con funcionarios federales en las instalaciones de la funeraria.
Durante la diligencia, las autoridades informaron a los familiares que la bolsa había sido localizada previamente durante un cateo.
El contenido llamó la atención porque se trataba de restos óseos que permanecían sellados y sin haber sido sometidos todavía a los estudios necesarios para establecer su origen e identidad.
Para los familiares de los normalistas, el descubrimiento abrió una nueva posibilidad de investigación, aunque también dejó una pregunta fundamental: ¿de quién son esos restos y por qué estaban almacenados en ese inmueble?
Esa respuesta todavía no existe.
¿Por qué son importantes unos restos etiquetados con 2014?
El año registrado en la bolsa es uno de los elementos que explica el interés de las autoridades.
Los estudiantes de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos desaparecieron en Iguala durante la noche del 26 de septiembre de 2014, después de haber sido atacados por policías municipales y otros grupos vinculados con la delincuencia organizada.
Desde entonces, una de las principales exigencias de las familias ha sido conocer qué ocurrió con los jóvenes y establecer científicamente el destino de cada uno de ellos.
Por eso, cualquier hallazgo de restos humanos correspondiente a ese periodo es susceptible de ser investigado.
Pero la fecha por sí sola no demuestra una relación con los estudiantes.
Los restos podrían corresponder a otras personas fallecidas en circunstancias diferentes. La única forma de determinar su identidad y establecer una posible relación con Ayotzinapa es mediante análisis científicos y la confronta con perfiles genéticos.
La funeraria El Ángel, bajo la lupa
La relevancia del inmueble tampoco puede separarse de sus características.
La funeraria El Ángel no es solamente un establecimiento funerario. En sus instalaciones también se encuentra el Semefo y existen áreas destinadas a la cremación.
Esto convirtió el lugar en un punto de interés para los investigadores que buscan reconstruir el destino de los cuerpos y restos humanos que pudieron haber pasado por Iguala durante los años posteriores a la desaparición de los estudiantes.
La presencia de instalaciones forenses y crematorios hace necesario establecer con precisión qué actividades se realizaron en el inmueble durante 2014 y los años siguientes, quién tuvo acceso a sus instalaciones y qué registros existen sobre los cuerpos y restos que fueron recibidos, almacenados, identificados o cremados.
La investigación no se limita a la bolsa
Después del hallazgo, las autoridades ampliaron la búsqueda dentro del inmueble.
El abogado de las familias, Isidoro Vicario Aguilar, explicó que se habían comenzado a revisar distintas áreas de la funeraria, incluida la excavación de algunos puntos para buscar otros restos susceptibles de análisis.
La posibilidad de encontrar más indicios convirtió al inmueble en una pieza potencialmente importante para la investigación.
No obstante, cualquier excavación y cualquier resto localizado deben pasar por procesos periciales que permitan establecer su antigüedad, procedencia e identidad.
En el caso Ayotzinapa, esa exigencia científica resulta particularmente relevante debido a los errores, omisiones y cuestionamientos que han marcado las investigaciones desde 2014.
¿Los restos pueden ser de los normalistas?
Por ahora, no se puede afirmar.
La existencia de una bolsa con restos óseos etiquetada con el año 2014 no establece por sí misma una conexión con los 43 estudiantes.
Para determinarlo sería necesario realizar análisis antropológicos, genéticos y otros estudios forenses que permitan conocer la identidad de los restos.
En caso de obtenerse un perfil genético viable, éste tendría que ser confrontado con las muestras de referencia disponibles de las familias de los estudiantes.
Solamente un resultado científico podría establecer una eventual correspondencia.
Mientras eso no ocurra, los restos deben ser considerados como un indicio bajo investigación, no como una prueba de que alguno de los normalistas estuvo en la funeraria.
Una nueva pieza en un caso que sigue sin resolverse
El hallazgo también vuelve a colocar sobre la mesa una de las grandes interrogantes del caso Ayotzinapa: qué ocurrió con los cuerpos de los estudiantes después de los ataques registrados en Iguala y Cocula.
Durante más de una década se han presentado distintas versiones sobre su destino.
La llamada “verdad histórica” planteada durante el gobierno de Enrique Peña Nieto sostuvo que los estudiantes habían sido asesinados y sus restos incinerados en el basurero de Cocula.
Posteriormente, diversas investigaciones y peritajes cuestionaron aspectos centrales de esa versión.
El caso continuó bajo investigación durante los gobiernos posteriores y se convirtió en uno de los principales pendientes de derechos humanos en México.
En ese contexto, cada nuevo indicio relacionado con restos humanos adquiere una importancia particular.
El desafío de la FGR: demostrar con ciencia
La investigación de los restos encontrados en El Ángel enfrenta ahora un desafío fundamental: obtener resultados científicos que permitan determinar su identidad y procedencia.
El hecho de que la bolsa haya permanecido sellada puede ayudar a preservar los indicios, pero no sustituye los análisis forenses.
La FGR deberá establecer cuándo fueron recuperados los restos, quién los colocó en la bolsa, por qué fueron etiquetados con el año 2014 y bajo qué circunstancias llegaron a las instalaciones de la funeraria.
También será necesario determinar si existe alguna relación entre estos restos y las personas desaparecidas en Iguala durante septiembre de aquel año.
Cada una de esas respuestas puede aportar información para reconstruir lo ocurrido.
Las familias esperan una respuesta definitiva
Para los padres y madres de los 43 normalistas, el hallazgo representa una nueva pista, pero también una razón para exigir que las autoridades agoten todas las posibilidades de investigación.
Después de casi 12 años, la incertidumbre continúa siendo una de las características centrales del caso.
El descubrimiento de restos en un inmueble relacionado con servicios forenses y crematorios puede abrir nuevas preguntas sobre lo ocurrido en Iguala, pero también obliga a las autoridades a evitar conclusiones anticipadas.
La prioridad es determinar científicamente a quién pertenecen.
Si los estudios descartan cualquier relación con los normalistas, el indicio deberá contribuir a esclarecer otros hechos ocurridos en la región.
Si, por el contrario, los análisis encontraran una correspondencia genética con alguno de los estudiantes, el hallazgo podría convertirse en una pieza de enorme importancia para reconstruir su destino.
Por ahora, la funeraria El Ángel permanece como una pista abierta en la investigación de Ayotzinapa.
La bolsa existe. Los restos fueron localizados y están bajo resguardo de las autoridades. El año 2014 aparece como referencia en el indicio.
Lo que todavía falta determinar —y que podría cambiar el rumbo de esta pista— es a quién pertenecen esos restos.